MÚSICOS
DE ESTUDIO


upongamos que le coges gusto al estudio. Supongamos también que eso de salir a un escenario a que un puñado de des-cerebrados con pinta de delincuentes habituales y sorprendente puntería te tiren latas de cerveza no es lo que más te gusta del mundo. De pronto decides que quieres trabajar de músico de estudio. ¿Por dónde empezar? Veamos.


Trabajando Por Encargo

Como requisitos podríamos enumerar los siguientes: versatilidad de estilos, cultura musical, precisión rítmica, una buena digitación y conocimiento de las técnicas más usuales (slap, pulgar, armónicos, etc), un buen oído, flexibilidad para adaptarse a las exigencias musicales de cada artista y momento y rapidez de reflejos para comprender estas, y por último, un buen caracter. ¿Sólo eso? Ah, también se suele valorar que uno sepa leer música.

Desde luego, si cumples todos estos requisitos date una palmada en el lomo de mi parte, estamos hablando de músicos de élite. Aunque no de MEJORES o PEORES músicos realmente. Y ahora vienen las malas noticias. ¿Estás sentado?

Lo primero es que es muy difícil entrar a trabajar de músico de sesión. Hay que empezar por encontrar un estudio que requiera músicos y sólo los grandes estudios pueden permitírselo, es decir, pagar. Después está el hecho de que un productor antes pospondrá una sesión de grabación si no puede contar con un músico de su confianza que le dará una oportunidad a un desconocido. Lo cual convierte el mundo de las producciones discográficas en un montón de capillas cerradas de difícil acceso. Aunque no imposible.

Supongamos, de todas formas que ese productor con el que estás hablando por teléfono, cuyo número has conseguido a base de dar la tabarra a montones de amigos suyos, colándote en sus fiestas e invitándoles a cubatas de marca, supongamos decía, que tras una larga conversación te dice "de acuerdo". Y fijáis un día y una hora, día y hora a la que te presentas (¡se puntual!) instrumento en mano para demostrar que eres lo nunca visto y que van a desear contratarte. Haces la grabación en un tiempo récord, despliegas lo mejor de tus habilidades y no escatimas detalles de buen gusto, de esos que sólo poseen los mejores. Quedan maravillados y se miran con cara de "¿por qué no lo habremos descubierto antes?". Y tú estás feliz, te vas a casa pensando que tal vez sea posible, que el exito existe, y que se ha fijado en ti y ha dicho "me gustas", es uno de esos días en que el sol brilla más de lo normal, etc... (aquí es donde empiezan a sonar violines y la imagen funde, poco a poco, en negro).

Incluso en ese caso tienes que estar listo para pasar un par de semanas sin que suene el teléfono. Y después otras dos, lo cual se convierte en un mes, mes en el que no has parado de telefonear a tu hombre, pero este insiste en no estar. Digamos que el mes se convierte en tres y después, cuando ya te has olvidado del asunto, previa mini-depresión laboral, encuentras en una tienda el disco del artista para el que grabaste y al darle la vuelta y leer el staff de músicos que le acompaña compruebas que el que toca el Bajo no eres tú. O al menos, eso pone.

Pueden haber pasado un montón de cosas: que borraran tu pista y la grabase otro (el que aparece en los créditos); que dejaran tu pista, pero pusieran el nombre del otro; que... Y por supuesto, a estas alturas no has visto ni un euro de todo el asunto. Algo marcha mal...

Casos como el anterior (incluso peores) están a la orden del día. si te he contado esta historieta es simplemente para que sepas que PUEDE pasar. Aunque no tiene por qué. ¿Cómo evitar que te tomen el tupé? Bueno, puedes denunciarlos, pincharles las ruedas del coche, presentarte en su casa con tus amigos y unos cuantos bates de béisbol... Pero no te lo recomiendo. Olvídalo, sigue trabajando con empeño y las mismas ganas que el primer día, aunque mirando bien a ambos lados antes de cruzar la calle, y que sean ellos mismos los que recojan los frutos de su proceder. Es mucho más elegante. Y la elegancia nunca pasa de moda.